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Bitacora

BITACORA DÍA 6 

Sabado, 09/12/2017

12 km recorridos – 99 km hasta el Polo Sur

Lat 89°01 – Lon 80°27’: Cubierta Polar Antartica

Altura 2,920 msnm -35°C, viento S 5 km/h – 7pm (hora Chile)

 

PLANETA ANTARTICA: en la inmensidad de la nada.

 

 

Cuando tenia 11 años, en julio de 1969, viendo a Neil Amstrong caminar en la Luna, soñé con ser astronauta. Hoy creo haber hecho realidad ese sueño! La experiencia que estamos viviendo esquiando sobre un desierto de hielo, donde no vive ninguna especie de fauna y flora, con un clima no apto para los seres humanos y donde en esta época del año no oscurece, es como viajar a otro planeta, el Planeta Antartica.

Hoy nos despertamos a las 7am para recibir por teléfono satelital el informe meteo. El día promete bien ya que hay poco viento. Decidimos iniciar la travesía a las 11 AM, la idea es avanzar hasta la 4pm para ir aclimatando y probando como es el rendimiento a tan bajas temperaturas. Los esquíes que estamos usando son una vía intermedia entre un esquí de cross country y uno de back country, el sistema tiene un enganche fijo en la punta de las botas que permite alzar el talón para deslizar el esquí hacia adelante. Por debajo del esquí hay una piel sintética de unos 50cm que por efecto de contrapelo no permite que el esquí se devuelva.

Los bastones tienen los mangos recubiertos con unos protectores contra el frío que permiten introducir los guantes y mantener las manos protegidas de los vientos gélidos. El avance con los esquíes es lento ya que estamos arrastrando un trineo que pesa aproximadamente 60 kg donde llevamos todo el equipo personal, las carpas, la comida, combustible y utensilios para cocinar. En pocas palabras todos los dias nos estamos mudando y en los trineos llevamos lo básico para vivir durante los 8-10 días que durara la travesía hasta el Polo Sur.

A pesar que hoy hay poco viento, el frio esta muy intenso: -35C. Con estas temperaturas ninguna parte del cuerpo puede estar expuesta por mas de 1-2 minutos, para evitar congelamentos. Lo que más tenemos que proteger son las manos, pies y sobretodo la cara. Para proteger la cara llevamos puesto balaclavas y gorros, debajo de la capucha antiviento de las chaquetas. Es obligatorio el uso de antiparras para proteger los ojos del intenso reflejo de luz sobre el hielo. El único y gran problema es que la respiración, por un lado condensa transformándose de inmediato en hielo, lo que hace que se pegue a la barba, y por el otro es que el lente de las gafas se empaña. Durante la travesía debemos avanzar con un par de capas térmicas y una cobertura antiviento que permita transpirar para no sudar en exceso y no deshidratarnos, pero al parar debemos de inmediato cubrirnos con las chaqueta de plumas tipo parka para no enfriarnos.

Durante la travesía hacemos paradas de 7-8 minutos cada hora para y comer algo.  Aquí surge otro problema, cualquier barra energética o snack se congela si no lo llevamos en los bolsillos internos de nuestras chaquetas. Para hidratar llevamos termos con agua caliente que preparamos en la mañana derritiendo hielo, de forma que el agua no se congele en los trineos hasta que armemos nuevamente las carpas.

Hoy llegamos al sitio donde decidimos acampar y batimos récord armando las dos carpas: 7 minutos. Es fundamental no perder tiempo en esta operación, porque lo primero que debemos hacer es resguardarnos en las carpas para calentarnos y recuperar la energía.  Las calorías que se queman en promedio en un día esquiando arrastrando el trineo bajo temperaturas gélidas varían entre 8000  y 9000.  La agencia que organizó la expedición, Antartic Logistic Expedition (ALE), clasifica esta actividad física como “extremadamente agotadora”. La temperatura en las carpas en confortable, y aunque parezca absurdo, estar a 2-3 grados en una bendición comparado con la temperatura exterior de -35C.

El ánimo del grupo esta bien alto. Abbas en su primera experiencia extrema esta alucinando con esta aventura. Juan Pablo esta un poco frustrado porque por el frío inclemente no le ha permitido hacer las tomas que quisiera para el documental, sin embargo hemos adquirido mucha material que los hará alucinar. Esta mañana, antes de desmontar el campamento, alcance a hacer unas tomas con el drone sin posibilidad de equivocación, ya que para usar los joystick que controlan el vuelo hay que usar guantes muy delgados, y es imposible aguantar mas de 5 minutos sin que se congelen los dedos. Otro tema que nos preocupa es que las baterías de las cámaras duran muy poco, ya que el frio las descarga muy rápidamente. Para mitigar esto, llevamos las baterías en los bolsillos de la chaqueta, de forma que el calor del cuerpo las mantenga con un poco mas de carga.

Esta mañana, con la prisa de la desmontada del campamento, olvidé cargar en mi chaqueta mi iphone y los audifonos para escuchar la playlist de Spotify que creamos especialmente para la expedición. Entonces dedique los largos periodos de silencio absoluto donde lo único que se escucha es el ruido del esqui deslizando sobre el hielo, para tener un dialogo enriquecedor con mi “yo”, cosa que hoy día es casi imposible de hacer, ya que vivimos pendientes del whatsapp, instagram, email, etc.

Lo primero que hice fue agradecer a Dios por haberme dado mucha salud para poder emprender este reto tan increíble. Hoy fue un día de agradecimiento a todos mis seres queridos que de una u otra forma, me han apoyado en mi locura de querer llegar al Polo Sur en esquíes. A mi mama Franca, quien me sembró el amor por el esquí y las montañas… A mi viejo (nonno Giuanin) que desde el cielo me lo imagino arrugando la frente, como cada vez que le contaba a hechos acontecidos, de alguna escalada… A mi amor Any, quien juro que no se casaría nunca con un torero o un piloto de F1, para no vivir con  angustias, y le toco casarse con un escalador aventurero amante de los deportes extremos. A mis hijas Keith, Francris y Kimberly con quienes he compartido desde que eran unas enanas el amor por el esqui, y quienes de vez en cuando me acompañan en aventuras de Heliskiing formato “Dad & Daughters”… y a mi familia en general, donde destaca mi tia Negra, quien cada vez que salgo a una expedición me encomienda a todos los santos y al Sagrado Corazón de Jesus.

Entre tanta conversación con mi yo, el tiempo se paso volando y llegamos a nuestro sitio de acampada. Todo alrededor de nosotros es hielo, el horizonte en 360 grados es el mismo. Aquí, en la inmensidad de la nada, dormiremos esta noche con el sol brillando encima de nosotros.

 

Hasta mañana,

José Francisco

 

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