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Bitacora

Jueves 19/12/2017

Life is like a camera:

Focus on what´s important,

capture the good times,

develop from the negatives

and if it goes wrong…

Take another shot.

Definitivamente logré mi objetivo: capturar las mejores imágenes de video y fotografía en el ambiente más hostil y remoto del planeta, y por esto, estoy realmente orgulloso de mí. Déjenme decirles que no fue nada fácil.

Desde que este proyecto se hizo realidad (un sueño que tuvimos desde el 2013 con José Francisco), lo primero que quise hacer, además de entrenar y estar lo suficientemente preparado para enfrentar esta travesía, fue hacer un documental sobre nuestra expedición.

Este fue siempre mi objetivo principal, y así se lo manifesté a Abbas y José Francisco. Para lograrlo, necesitaría el apoyo de todo el equipo, y lo tuve. La verdad ha sido el trabajo más duro que he tenido que hacer en toda mi vida y sólo me queda un día para descansar, pues usé 14 de los 15 días de vacaciones que tengo al año.

En el momento en el que el Twin Otter nos dejó en el paralelo 89, a 111km del polo sur, supe realmente lo que era estar a -30 grados, organizar todas mis cosas para moverme, grabar, esquiar y moverme con el ritmo del equipo; una sensación muy intimidante, sobre todo, si además de hacer la travesía, quería registrarla con mis cámaras. En ese momento me asusté un poco, era el primer día, tenía demasiado frío, sentía un poco la torpeza al arranque y pensé por un momento que no lograría hacer el documental que me propuse. Fue tal el horror, que pensé que ni siquiera podría terminar del todo esta travesía.

Afortunadamente, la travesía de ese primer día fue de tan solo una hora (y los guías saben muy bien por qué lo hacen así para todo el que hace esta aventura) lo que para mí fue un alivio infinito, pues estaba descordinadísimo.

El día siguiente sería de cuatro horas, el siguiente de seis horas y los demás de nueve horas hasta terminar. Todo se fue acomodando, la rapidez al armar y desarmar el campamento, vestirse sin poderse parar, ponerse las botas, la cocinada, empacada del trineo, la eficiencia en el descanso, pero sobretodo; la grabación y fotografía de la travesía.

Cuando digo que es lo más difícil que hecho en mi vida, de verdad lo fue. La travesía Antártica es tan compleja que se debe tener un buen ritmo al jalar el trineo esquiando. Este ritmo debe ser constante y bueno como para hacer aproximadamente 20 km en una jornada de 9 horas, pero el ritmo no puede ser tan rápido como para sudar (pues no se puede estar mojado a -35 grados). El truco es el ritmo, combinado con el número de capas de ropa. Esto es indispensable; una capa puede estar demás y hacerlo a uno sudar o tener una de menos y estar esquiando con frío. (Las capas de ropa son, por ejemplo, en la parte de arriba: una camiseta, una camisa de manga larga, una de manga larga más abrigada, una más abrigada con capucha, un chaleco de plumas, una chaqueta impermeable, etc, todo al tiempo, todo menos uno o menos dos, etc…el tema de capa de ropa es muy importante en la travesía, pues esta determina la temperatura ideal para estar activo sin sudar).

Una vez se está claro con el tema de las capas y se tiene dominado, viene otro más importante, el de la piel expuesta al frío; es decir, la cara y los dedos de las manos. Si se sufre congelamiento, la expedición se acaba. Y esto puede pasar en un par de horas si no se tiene el cuidado necesario.

El tema de la cara fue toda una proeza dominarlo, sobre todo el de respirar con las gafas de nieve (goggles) sin que se empañaran. Una vez empañadas, sólo se tiene una de repuesto, y si uno no ve, pues está fregado, sobretodo yo, que debía registrar con mi cámara y para eso debería por lo menos tener visibilidad. Cabe adicionar a esto, que no se podía dejar descubierto ningún pedazo de la cara ya que el viento y el frío podrían quemar la cara y sobretodo la punta de la nariz y sufrir congelamiento. Este tema fue uno de los más difíciles de dominar, pero se dominó por parte de todos en el equipo.

El tema de las manos, para mí, fue el más crítico. No se puede operar una cámara y un trípode de metal con guantes gruesos (lo vuelven a uno muy torpe), y quitarse un guante para tener la cámara con unos guantes delgados, definitivamente hacía que, al terminar la toma, mis manos estuvieran dormidas del frío. Le fui cogiendo el tiro al tema del frío en las manos, pero el parar para grabar, igualmente me enfriaba mucho por estar inactivo por 5-8 minutos, lo que hacía definitivamente que, al arrancar de nuevo, estuviera con frío en los pies, las manos, la espalda, las manos y la cabeza. Es decir, arrancaba de nuevo perfectamente congelado y atrasado del grupo que seguía avanzando. Para verlos de nuevo debía alcanzarlos y para eso tenía una hora hasta parar en el próximo descanso, donde debía re acomodar lo que no estuviera bien.

Todo esto se fue volviendo parte de la rutina y funcionó bien los primeros días hasta el día 6, donde el frío y el viento fue tan cruel, que jugó con todos los factores mencionados anteriormente, pero sobretodo con el que no se puede jugar pues se pierde todo: la mente. Pensé desde el inicio que el frío de las manos y de los pies, que diariamente sentía, estaba prolongándose mucho, hasta el punto de no sentir las manos o los pies por dos horas (muy peligroso). Definitivamente, pensé, sufriría congelamiento. Me angustié mucho. La crema para mis labios permanecía congelada y no pude usarla, y los labios, que es la única piel expuesta, no los pude cuidar bien.

Hacer las tomas y fotografías ese día fue casi imposible, sólo pude hacerlas hacia el final del día cuando el clima mejoró. Los movimientos de pies y manos (de arriba abajo, para incentivar la circulación) en los descansos fueron obligatorios, olvidando proteger mis labios del frío, el viento y el sol. Todo mejoró, finalmente terminamos el peor de los días con nueve horas de camino y 18,5km de recorrido. Nada mal, excepto por mis labios, los cuales se ampollaron. Hoy les escribo, 4 días después de este episodio, con una “uni-ampolla de labio inferior con 5 pelotas de piquis adentro” y un dolor insoportable que ni me deja disfrutar las comidas. Cuando me echo la crema que me dieron mis amigos, doctores y otros expedicionarios, me duele tanto que se me aguan los ojos. “Heridas de guerra” como diría nuestro guía. ¡Qué dolor tan verraco!

El cansancio, el frío y el ser consciente que el tiempo inactivo no debía ser muy largo, hacían que cada vez que prendía mi cámara fuera toda una proeza. Algo tan sencillo como abrir un trípode, espichar un botón o enfocar, se volvían cosas extremadamente difíciles en estas condiciones. Por eso digo que estoy inmensamente orgulloso de lo que hice, pues además de ser el primer colombiano en lograr llegar al polo sur en esquíes, hice hasta lo imposible para dejar registrada esta travesía.

Todo esto hubiera sido imposible sin la ayuda y motivación d Abbas y José. En las noches, haciendo el backup en un computador y disco duro congelados (que debían tener un proceso de calentamiento corporal antes de prenderse) les mostraba las fotos y videos y me decían que estaba haciendo un excelente trabajo (wooow, excellent, incredible!!!), lo que me daba todavía más motivación de seguir haciendo lo mejor posible para sacar este documental y registro fotográfico adelante.

He grabado desde que salí de Bogotá y todavía sigo haciendo entrevistas y tomas por donde paso, ya que en este lugar se encuentra uno con los lugares más alucinantes y con los personajes más increíbles que pueda uno imaginar. Para ponerles un ejemplo, acabo de entrevistar a un chino y un islandés acerca de su travesía en un par de vehículos adaptados para un viaje antártico donde no dejaron ni una gota de aceite en la nieve, pues todos los residuos los recogieron. Nos encontramos también con Jade, una australiana de 16 años que está haciendo un documental con NatGeo sobre su travesía en Groenlandia, Polo Norte y Polo Sur, con Johanna quien tiene el record del hacer la travesía de la antártica en solitario, Scott que ha hecho siete veces las siete cumbres, las guerreras del ejército británico que están haciendo 1700km de recorrido en esquíes. Y también está Abbas Jafarian, el primer Iraní en conquistar el polo sur en esquíes con la particularidad de jamás haber dormido en una carpa o en un sleeping, jamás haber hecho tres jornadas seguidas de nueve horas de ejercicio y haber iniciado su vida de aventurero a los 50 años para dejarle un legado a sus hijos (este es el más respetable de todos los anteriores, a mi modo de ver, además es el más chistoso de todos en Union Glacier y se ha convertido en un gran amigo en estos pocos días compartidos). ¡Mis respetos y cariño por siempre para este campeón!

Definitivamente no pude tener mejores compañeros de equipo.

Por un lado, volver a este lugar increíble con mi hermano José Francisco, ha sido un sueño hecho realidad pues tuvimos la fortuna de escalar juntos la montaña más alta de la Antártica, el monte Vinson en el 2013. Jose va a cumplir 60 años el próximo año y no podría tener mejor referente de ser humano en mi vida. Buena gente, buen papá, buen esposo, buen amigo, buen abuelo y el mejor compañero de aventura que cualquiera pudiera pedir. Me alegra tanto habernos encontrado en las montañas… ¡No podría tener un mejor referente de persona en mi vida que José, ¡qué grande eres mi hermano! Gracias por liderar y ejecutar esta expedición, jamás me cansaré de darte las gracias a ti, Abbas y Lucho por hacer este sueño una realidad.

No podría terminar sin mandarle un abrazo enorme a Luis Eduardo Martínez, quien desafortunadamente, por una lesión de último momento, no pudo acompañarnos en esta expedición. Nos hiciste mucha falta en esta, pero con la gasolina que tienen Abbas, José y tú, seguro haremos más planes y aventuras juntos. ¡Con el ejemplo de todas las personas que hemos conocido y con el mismo ejemplo de mis compañeros de expedición estoy seguro que este es tan solo el comienzo de muchas expediciones por descubrir!

¡Gracias a mi novia Trudy (y mi perro Batey) por entrenar conmigo en cada vez que pudimos ir a Suesca a jalar un neumático, a correr, a caminar, por aguantarme mis pataletas, por incentivarme a levantarme a entrenar y por quererme así, tal cual soy! Los amo!

Finalmente quiero despedirme recordando que hoy es un día muy especial, es el cumpleaños de mi papá.

¡Feliz cumpleaños pá!

Esta hazaña te la dedico a ti y a todo lo que has hecho por mí. ¡Tú sabes cuánto te adoro!!!

Finalmente, la persona más importante: mi mamá! Las palabras se quedan cortas cuando quiero expresar cuánto te quiero… todo mi amor, cariño y admiración para ti! Espero llegar para Navidad, todo depende de un vuelo que sale hoy de Antártica….

Abrazo a todos los que nos siguieron en esta travesía.

Juan P

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